Finales de 1991: dos brillantes empresarios, Antoni Almazor y Francesc Castellví, que se habían conocido en el IESE, deciden iniciar conjuntamente varios proyectos, entre ellos, edificar y explotar el hotel Estela en el puerto de Aiguadolç en Sitges, que actualmente dispone de 65 habitaciones, todas con vistas al mar.
CARLES CASTRO De izquierda a derecha, Francesc Castellví, Jaume Rius, Antonio Almazor y Cristina González
Marzo de 1993: el pintor Xaus y su esposa se hospedan en la habitación 105 de dicho hotel. A los dos días, su esposa comunica a la recepción que su marido sufre una importante depresión y ruega al personal que se abstenga de entrar en su habitación. Al cabo de dos semanas dejan el hotel después de abonar la correspondiente factura y la sorpresa de la dirección fue encontrar el techo y todas las paredes de dicha habitación decoradas con pinturas del artista. Al preguntarle el porqué de dicha actuación, manifestó que era una protesta por la escasa difusión de los actos del centenario de las fiestas modernistas de Santiago Rusiñol en la Blanca Subur. A pesar de la sorpresa y enfado inicial, la dirección del hotel optó por aprovechar la parte positiva y empezó a ofrecer sus habitaciones a diversos artistas para que estampasen su propio mundo en sábanas, paredes y techos.
Almazor y Castellví ya tenían afición al coleccionismo de arte y a la promoción de artistas, y aprovecharon la circunstancia para convertir el Estela en un “hotel de arte”. Actualmente en todas sus paredes y rincones pueden admirarse obras, en especial de Subirachs, Puigmartí y del chileno Ricardo Moraga. Cabe destacar que Josep Maria Subirachs, durante largas temporadas, ha sido huésped del hotel. Fue él quien remodeló su entrada y vestíbulo convirtiéndolo en el escenario del “descenso del Infinito a la Tierra”. Escalinatas, cascadas, esferas y un estanque conforman esta particular visión de la unión de dos dimensiones. La habitación 219 es la suite Eros, que el propio Subirachs dedicó al amor.
El arte se encuentra en las habitaciones, en el vestíbulo, en los pasillos y por doquier, y como no en su cocina, concretamente en su Restaurante Iris Gallery. Al abrir el hotel, Jaume Rius se incorporó como segundo cocinero, pero al poco tiempo tomo las riendas de la cocina. Si deciden descender desde el Infinito para dirigirse a comer encontrarán en el Iris la perfecta simbiosis entre gastronomía y arte, y podrán disfrutar de una exquisita oferta de cocina mediterránea y de mercado.
Todos sus platos son interesantes pero sus fideuà y arroces son extraordinarios. Las tres veces que recientemente 5 a Taula ha visitado este restaurante siempre ha disfrutado de unos entrantes, entre los que eligió un excelente jamón ibérico de bellota con pan con tomate, unas sabrosas croquetas de merluza o gambas, un pulpo a la brasa con patatas trinchadas al aceite de oliva virgen, y una ensalada de la huerta con espárragos y palmitos.
Después nos prepararon una degustación de su fideuà marinera, de la paella Parellada, del arroz negro, y del caldoso de rape y gambas. Todos en su justo punto de sabor y cocción.
A quienes aún les quede un pequeño espacio en el estómago podríamos aconsejarles el lomo de merluza con tomate, ajo y patata o la suprema de rodaballo con tomate natural, soja y cebolla tierna. Para los que prefieran terminar con carne, tanto el solomillo ibérico, panceta y curry de melocotón y piña o los entrecottes a la parrilla o con pimienta verde, roquefort, soja y parmesano son unas interesantes alternativas.
Como colofón, un postre ligero quizá sea la mejor opción (interesantes helados de mascarpone, turrón o coco) y para los más atrevidos, el biscuit borracho con yema quemada o el flan de mató y toffee de café.
Su bodega, sin ser excesivamente amplia, es interesante y a unos precios muy asumibles. El personal de sala dirigido por Cristina González es atento y muy profesional y Stefano Barisione como segundo de la cocina prepara extraordinariamente las especialidades italianas.
En resumen: un eficiente servicio, buenos productos y bien elaborados, encima de cada mesa una escultura u otra pequeña obra de arte y cada plato presentado con un toque diferenciador. Ciertamente, en el hotel Estela el arte se expone, se respira y se saborea.
HOTEL ESTELA BARCELONA
Av. Port d'Aiguadolç, 8
08870 Sitges - Barcelona