
Nació nueve meses después de que
Gaudí fuera atropellado el diez de junio de 1926 por un tranvía produciéndole la muerte, y desde que conoció este dato, supo que estaría irremediablemente ligado a su obra. Para
José María Subirachs, ilustre escultor reconocido en todo el mundo no sólo por su magistral trabajo en
La Sagrada Familia de Barcelona sino también por una obra civil de magnitudes artísticas sin precedentes, la excesiva espiritualidad que algunos le achacan no es más que el sentido de superación y trasgresión del ser humano; esa capacidad, cada vez más olvidada, del hombre, para vencer los males del cuerpo a través del alma. Su obra más grandiosa, la contribución al sueño no realizado de Gaudí, no sólo pretende expresar esto, sino que lo consigue provocando en quién la admira un absoluto sentimiento de trascendencia a través de la grandiosidad. Su pasión por el Universo, por el enigma de su energía cósmica, por su inmensidad; se ha visto ahora recompensada.

Y es que este artista universal, precursor de la escultura catalana de vanguardia en la segunda mitad del s.XX y uno de los más originales escultores a nivel mundial, un auténtico maestro de la técnica y las formas hasta el punto de alcanzar la excelencia en la paradoja visual mediante las figuras en negativo, los perfiles torneados o los elementos clásicos; tiene ya un lugar en el cosmos, un privilegio que, por cierto, sólo alcanzan esas almas libres marcadas por una cotidianeidad brillante y especial.
El mismísimo George Bush, a quién seguro hubo que explicarle más de una vez la trascendencia universal del artista, se mostró encantado con la iniciativa y aseguró que se sentía muy honrado de que el nombre del escultor estuviera en el firmamento. “En su firmamento”, debió especificar, pues de todos es conocida la manía del premier estadounidense de apropiarse de cuanto ve, o incluso de lo que no ve. Seguro que a José María Subirachs le enterneció el comentario del “todopoderoso”, a juzgar por la extremada discreción que lo caracteriza y que le obliga cada vez más a aislarse del mundo que le rodea y que no le gusta.

En cualquier caso, la iniciativa encabezada por Francisco Castellví, propietario del
Hotel Estela Barcelona de Sitges, es una de las más bonitas y originales ideadas para homenajear a un genio de la escultura en vida. José María Subirachs ha dado nombre a uno de los asteroides descubiertos por el astrónomo, Pepe Manteca, desde su observatorio de Begues e incluso ha recibido un fragmento de dicho asteroide presentado en forma de original escultura, en una ceremonia privada que tuvo lugar en el Hotel del Arte. Un encuentro de amigos que el artista no ha querido hacer público, porque este detalle simboliza uno de sus anhelos espirituales más profundos: formar parte de la energía universal. El asteroide 134124 Subirachs, que fue descubierto el dos de enero de 2005, mide dos kilómetros de diámetro y está en órbita entre el sol, la luna y la tierra.

La presencia de José María Subirachs en el Hotel Estela a través de su obra es privilegiada. Además de las extraordinarias esculturas de diferentes épocas que allí se pueden admirar, el artista ha dejado su legado de manera irreversible. La magnífica escalinata de grandes dimensiones que da acceso desde el hall a las plantas superiores es obra suya; una composición que materializa el agua, los planetas y el Universo, a la que bautizó como “Escalera Estelar”.
A sus 80 años Subirachs ha llegado a la conclusión de que su vida es un gran cúmulo de causalidades, un sentimiento que expresa con una frase que está marcando su gran obra en la Sagrada Familia. “Hay demasiadas señales como para no creer y dejar de ser agnóstico”, asegura. El escultor, quien incluso instaló su residencia en 1987 en el mismo templo para no perder ni un ápice de concentración y dedicación, ha conseguido imprimir su estilo personal sin interferir el de Gaudí en una fachada, La Pasión, que se eleva hasta el infinito para culminar con La Ascensión; una escultura de bronce de casi ocho metros de altura que abruma por su grandiosidad.

Ensalzado por unos y criticados por otros, Subirachs ha inspirado toda la polémica que podría crear un artista contemporáneo que toma el relevo de un genio como Gaudí, aún insistiendo en que jamás ha intentado seguir su estilo. Él tampoco finalizará la Sagrada Familia, un magnífico templo al que le quedan al menos otros cien años de andamiaje, pero su extraordinaria contribución ya se reconoce a nivel mundial como un icono escultural contemporáneo. Subirachs ha sabido crear un lenguaje propio, esa es su grandeza, que se ha convertido en idioma universal comprendido por los cientos de miles de personas que visitan el templo al año y que sienten la enorme espiritualidad de Subirachs, su fuerza cósmica y su grandiosidad.
Gema Castellano
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